Sebastian Thrun: El Isaac Asimov de la robótica real

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Con sus tres leyes de la robótica y sus «cerebros positrónicos», Isaac Asimov creó un mundo de ficción donde los robots formaban una parte importante de la sociedad. Unos robots tan inteligentes y versátiles nos parecen hoy día, todavía, cosa de la ciencia ficción más lejana.

Aunque investigadores e ingenieros de todo el mundo intentan acercarnos a ese día muy poco a poco, hay alguien que ha hecho un trabajo inmenso en las últimas dos décadas: Sebastian Thrun.


De origen alemán y actualmente director del departamento de Inteligencia Artificial de Stanford, Thrun no solo ha sido extremadamente prolífico en cuanto a producción científica (más de 250 artículos, congresos y libros), sino que introdujo en el mundo de la robótica algo no más revolucionario que los cerebros positrónicos pero sí mucho más práctico y real: las probabilidades.

Aunque no fuera él ni mucho menos el primero en proponerlo, Thrun hizo una serie de adelantos en un requisito fundamental para cualquier robot autónomo: su capacidad para no perderse y mantenerse localizado en el mundo.

De hecho, él fue el primero en construir un robot autónomo en el museo Smithsonian en Washington DC, que hizo de guía a miles de personas durante varias semanas:


Para entender lo que suponen sus cientos de trabajos sobre unas técnicas probabilisticas llamadas filtros de partículas, qué mejor que verlo en acción con un video. En este caso, un robot explora un edificio y construye un mapa en 2D de éste automáticamente:


Podéis ver docenas más de vídeos aquí.

Su éxito más rotundo

Pero lo que sin duda supuso la guinda a su carrera (hasta ahora) fue el éxito de su equipo en el Darpa Grand Challenge de 2005:

Por primera vez en la historia, una carrera de coches sin conductores acabó exitosamente tras 212 Km de carreteras angostas a través de desiertos y montañas, con los sensores de los vehículos como única fuente de las decisiones de conducción que los coches robóticos debían tomar de forma autónoma sin la más mínima participación humana:


El coche de Thrun, llamado Stanley, terminó en primer lugar llevándose el prestigio… y ¡2 millones de dólares del premio!.

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