Neutrinofobia: La física que no vemos y la necesidad de señalar culpables

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Hoy me han sorprendido todos los medios de comunicación de España con la noticia de que un juez ha otorgado a una trabajadora una “incapacidad permanente y absoluta” por “hipersensibilidad electromagnética y ambiental” (1,2,3). Desde luego, el auto es noticiable.

Lo que no dicen todos los titulares es que aparte de la extraña dolencia, la paciente sufría fatiga crónica, celiaquía y fibromialgia, con lo que la sensibilidad al electromagnetismo prácticamente quedaría como una causa más para su incapacidad, no la principal como parece tras ver la noticia en el telediario.

Hecho este apunte, necesito expresar mi opinión sobre esta enfermedad moderna, que parece afectar a la paciente cuando un “vecino habla por el móvil” o pasa “un autobús con wifi por la calle” (sic).

Otra forma de ver el método
de doble ciego (fuente)

Existe un método fundamental en ciencia que se llama el método del doble ciego y que sirve para descartar que un determinado síntoma se deba a efectos psicosomáticos, es decir, a efectos de estrés o psicológicos. No es que por eso sean menos graves los síntomas, pero no me parecería bien decir que el vacío bajo los pies provoque naúseas porque a ciertas personas le den vértigo las alturas, en el mismo sentido que decir que una bacteria provoca úlceras del estómago.

Ni siquiera el síndrome de intolerancia química múltiple (más común que este caso electromagnético) está reconocido por la OMS como enfermedad debido a la falta de consistencia de las pruebas de causa-efecto entre agentes químicos y los efectos en los pacientes. El doctor en farmacología E. Gots escribió en una revista especializada:

“El fenómeno de las sensibilidades químicas múltiples es una manifestación peculiar de nuestra sociedad tecnofóbica y quimifóbica. Ha sido rechazado como una enfermedad orgánica bien establecida por la Academia Americana de Alergias e Inmunología, la Asociación Médica Americana, la Asociación Médica de California, el Colegio Americano de Medicina y la Sociedad Internacional Reguladora de Toxicología y Farmacología.”

J. Toxicol. Clin. Toxicol. 33 (2): 111–3. doi:10.1080/109158199225107

A priori no descarto que realmente sí que existan algunos efectos reales en casos concretos (líneas de alta tensión, radares, etc.) pero sólo me los creeré cuando se presenten pruebas de doble ciego contundentes, y hasta ahora los únicos casos que salen en los medios hablan de “sensibilidades electromagnéticas” en términos muy vagos, sin entrar en espectros, frecuencias o tipos de modulaciones (¿ondas continuas o pulsadas?) que me obligan a inclinarme más hacia la hipótesis de un origen psicosomático de los síntomas.

Es probable (en mi opinión de no experto en farmacología ni toxicología) que los síntomas sean causados por cualquier otra causa, y sea el paciente, en su necesidad de atribuirlos a algo externo, el que lo achaque a algún elemento que vea y al que sienta desconfianza. Pongo en negrita el “vea“, porque hay estudios sobre sensibilidad química en los que la reacción negativa del paciente sólo se da cuando es consciente de que existe algún elemento químico, no teniendo la más mínima reacción cuando al compuesto se le quitaba la componente de olor (de hecho, hay quien piensa que la enfermedad puede ser una especie de “alergia” o respuesta exagerada a olores).

Esta historia no es nueva. Ya en los años 50 o 60 la gente tenía miedo a los hornos microondas, existiendo incluso hoy día teorías de lo más variopintas como que el agua hervida en microondas es tóxica. Hoy día, son las antenas de móviles los últimos elementos a los que la gente tiene miedo, incluso cuando viven justo en las direcciones de menor radiación lejos de los lóbulos principales (Migui lo explicaba muy bien hoy).

Así que harto de que la gente siempre parezca tener miedo “por modas” a las mismas cosas, hoy me propongo alimentar un poco más esos miedos a lo invisible y, con suerte, crear nuevas enfermedades 😉

Ahí van:

1. Neutrinos

Aparte de los rayos visibles del Sol, y de algunos invisibles como los UVA o UVB conocidos por casi todos, nuestra estrella también emite una cantidad ingente de una extraña partícula llamada neutrino. Mira la punta de tu dedo, e imagínate los 60 mil millones de neutrinos por segundo que están atravesándolo ahora mismo a casi 300.000 kilómetros por segundo, llegando disparados desde el núcleo del Sol. Y no creas que por ser de noche nos libramos del bombardeo: las partículas atraviesan la Tierra casi sin esfuerzo y nos atraviesan saliendo del suelo.

Primera detección de un neutrino en 1970.

Pero precisamente esa propiedad de atravesar la Tierra de punta a punta sin casi enterarse debería decirte mucho de lo inócuos que son al atravesar nuestro cuerpo.

2. Rayos cósmicos

Aunque el cielo esté despejado, y no se oiga tronar, pueden estar cayéndote rayos. Se trata de pequeñas partículas que a menor o mayor velocidad vienen desde las profundidades del cosmos y chocan con nuestra atmósfera, generando una cascada de reacciones nucleares en cadena.

A la superficie nos llegan pocos, pero cuando viajes en avión a 10Km de altura, piensa que estás recibiendo una dosis extra de radiactividad por esta causa.

“Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin se dirigían a la Luna a bordo del Apollo 11 para poner el pie en ella por primera vez en la Historia.
Pero durante 8 días, al igual que muchos otros astronautas en sucesivas misiones, estuvieron viajando por el espacio protegidos solamente por las finas paredes de los módulos espaciales. En ese tiempo, todos experimentaron algo que en los primeros tiempos no se atrevieron a contar por miedo a que creyeran que tenían algún problema: muy a menudo, veían “flashes” de luz, como pequeños destellos. Incluso con los ojos cerrados.”

(lee más de esta historia que conté hace años)

3. Plomo en el aire

Cada vez que respires en tu casa, piensa que a buen seguro estarás tragando partículas de plomo. Es solamente otro efecto más de la radiactividad que nos rodea, como también conté hace tiempo.

4. Te desintegras

Cada minuto, cientos de átomos de tu cuerpo, parte de tu carne, sangre y vísceras, se descompone por radiactividad. ¿Cómo se puede uno proteger ante eso? No se puede.

En fin, son sólo cuatro ejemplos escogidos casi al azar, pero espero haber transmitido la idea de que estamos continuamente rodeados de fenómenos físicos invisibles de lo más extraños, y no necesariamente por ello nos tienen que afectar de maneras significativas.


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