El argumento capitalista

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El capitalismo es un excelente detector de cosas, más o menos morales, que “funcionan”. Si algo “funciona” y tiene su demanda, podemos estar seguros de que tarde o temprano habrá un inversor dispuesto a poner su capital para producir ese bien o servicio, poner muy fácil su acceso, y sacar rentabilidad.

La gente quiere comunicarse a distancia. Se podría satisfacer usando ondas electromagnéticas y complejísimos miniordenadores de bolsillo basados en mecánica cuántica. Pues existen multinacionales encargas de sacar partido a cada paso de la fabricación de móviles, smartphones, routers ADSL, etc. así como de cobrar por sus servicios.

Sin oscurantismos ni complicaciones extras: si quieres un móvil, lo pagas y lo tienes. Funciona.

Siempre ha existido demanda de prostitución. Pues existen mafias encargadas de sacar el máximo provecho de esto, y lo hacen a diario a pesar de las prohibiciones.

Existe demanda de viajes rápidos al cualquier lugar del mundo. Se podría hacer con sofisticadas y carísimas aeronaves. Pues existen multitud de multinaciones sacando tajada de la fabricación de aviones y de la comercialización de pasajes.

Muchos encuentran placer en la lectura. Se publican y se venden millones de libros cada día. Vas a la tienda y lo compras. Simple.

Y así podríamos seguir con infinitos ejemplos.

Cada día, muchos estarían dispuestos a pagar más de lo que vale una llamada de móvil por poder comunicarse con sus seres queridos difuntos. O porqué no, con dios o cualquier otro ente “sobrenatural”.

¿Dónde están esas empresas? ¿Casualmente son la única excepción al sistema capitalista, o sencillamente no existen porque tampoco existen los espíritus, el alma, dios o, como mínimo, las formas de comunicarse con ellos?

¿Por qué los famosos “médiums”, “espiritistas” o “adivinos” no son todos millonarios? Pueden vender sus servicios a precio de oro para, por ejemplo, encontrar a personas secuestradas o yacimientos petrolíferos o minerales. Los echadores de males de ojo podrían ser contratados por los ejércitos del mundo. Los adivinos podrían ganar loterías, apuestas, etc. cuando quisieran.

Obviamente, todo eso no pasa porque sencillamente esos supuestos poderes no existen. Todos mienten o, en el mejor caso, se mienten a sí mismos.

Lo siento si esta entrada te parece una obviedad, pero viendo el éxito de algunos programas en TV, no todos lo tienen tan claro.

XKCD  (Fuente)

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